Archivos diarios: agosto 13, 2012

Gracias Fidel

Es increíble, hasta la madre naturaleza y para algunos, las fuerzas del más allá, ofrecen su complicidad para celebrar el cumpleaños de un ser excepcional, para mí el mejor de los hombres del siglo XX y lo que va del XXI, aunque nunca ha recibido el ya desacreditado premio Nóbel de la PAZ, tiene en su poder el reconocimiento de miles de millones en su tierra y en el mundo.

Mientras en las ultimas jornadas los deportistas de la isla le dedican las medallas obtenidas en Londres, o los trabajadores cumplen con sus metas en saludo a su 86 aniversario, la naturaleza también regalará algo especial, por estas noches se podrá visualizar desde la tierra una lluvia de estrellas que parecen estar enviadas por el ángel de la guarda, ese que lo ha protegido tantas veces que han querido ponerle fin a su existencia. Su fuerza moral es tan grande que constituye un peligro para los intereses de los ricos. Lee el resto de esta entrada

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Los dones de mi Comandante

El 13 de agosto de 1926 prometía ser un día igual a los demás, pero un acontecimiento cambió el curso de la historia, se sintió un armónico ruido de un gigantesco carruaje, el llanto fuerte de un niño, se abre una puerta, se anunciaba el nacimiento del segundo de los hijos varones de la familia.

De repente entra un rayo de luz que ilumina toda la habitación, el pequeño aún en los brazos de su madre a la que se acercó una bella hada y dijo traigo para tu hijo siete dones, los que comenzó a enumerar y cada vez que le concedía un don con su varita daba un delicado toque sobre el inquieto niño:

• Te concedo el don de la inteligencia, que ya tienen otros, pero tu gracia será saberla usar para ayudar a todos.
• Te concedo el don de la fortaleza sin medida, la que compartirás con todos los débiles.
• Te concedo el don de la justeza, al que no faltarás ni un solo instante de tu vida.
• Te concedo el don de la valentía, el que te hará grande.
• Te concedo el don de la dignidad, la que no abandonarás jamás.
• Te concedo el don de la honestidad y el de la verdad, con los que guiarás a todo un pueblo.

Luego el hada sentenció, si cumple con sus dones, sin faltar a uno solo de ellos durante ochenta años alcanzará el don con que muchos hombres sueñan pero pocos pueden lograr y no seré yo su hada protectora la que lo concederá, sino el pueblo que comandará.

Justamente hoy, a más de ochenta años de tu nacimiento, Fidel, el pueblo que comandas te concede el octavo de tus dones, el de la inmortalidad.

Canto a Fidel

No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uva:
voy a nombrar toda Cuba:
voy a nombrar a Fidel.

Ése que para en la tierra
aunque la luna lo hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.

Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel –sol directo
sobre el café y las palmeras–;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.

Por su insomnio y sus pesares
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.

Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
en este verso que estalla
como granada de amor.

Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad.

Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
Gracias por todo, Fidel.

Carilda Oliver Labra.