Archivos diarios: julio 28, 2021

A lo Lennon: “I want you to make love, not war”

“Love
I want you to make love, not war
I know you’ve heard it before”

¿Se acuerdan de Evangelina Cossío y Cisneros, la protagonista de la historia que Wiliam Randolph Hearst reinventó y convirtió en un hecho para desacreditar a España y así conmover a la opinión pública norteamericana para intervenir en Cuba en 1898? Cualquier coincidencia con lo que ocurre un siglo después no es casualidad. Pareciera que estamos viviendo en los tiempos en que el propio Randolph Hearst enviara a su ilustrador en La Habana la mítica frase: “usted ponga las fotos, que yo pondré la guerra”, ante la ausencia de enfrentamientos que reportaban los que estaban en Cuba.

Cómo sorprenderse entonces con la fabricación de un incidente en pleno siglo XXI, en tiempos de redes sociales y teorías probadas para implosionar sistemas, cómo catalogar de original un guion mil veces repetido, cómo pecar de ingenuos al mirar las protestas que desencadenaron los hechos del pasado 11 de julio en varias ciudades del país cuando son calco y copia del manual de Gene Sharp para provocar revoluciones no violentas (lo de no violentas solo en el nombre).

La ingenuidad por estos días sale cara. Se trata de la construcción del ansiado estallido social. En su concepción parte de condiciones objetivas que se llevan a la virtualidad a modo de catalizador y luego se desatan en la realidad hechos como los vividos hace una semana. Nada nuevo, hagamos memoria: Ucrania, Egipto, Libia, Siria, Nicaragua, Bolivia y Venezuela son solo algunos ejemplos, y si a ello le sumamos que la mayoría de los cubanos llegamos tarde a la Internet, el fenómeno se vuelve más complejo

Un detalle transversaliza los intentos desestabilizadores y constituye el objetivo final de la campaña comunicacional: inocular el odio y fracturar la unidad, cualquier unidad, da igual dentro del propio pueblo o entre pueblo-Estado, pueblo-Partido, pueblo-Gobierno, y hasta pueblo-ejército; bien deberíamos saber los cubanos, por la historia, que es demasiado elocuente, a qué conlleva desunirnos y quiénes se han aprovechado de cada momento.

Internet es y seguirá siendo un terreno de operaciones militares. No lo digo yo, lo declaró el propio gobierno norteamericano cuando creó el Comando Especial de Ciberguerras, y no olvidemos que hay una fuerza de tarea o taskforce para incidir en Cuba desde las plataformas digitales. Recordemos también los fracasados Zunzuneo y Piramideo, cuyo objetivo era contribuir al estallido social en el país.

Si usted nunca ha entrado a Twitter pero tiene un celular inteligente le invito a intentar mandar cinco SMS en un segundo; se dará cuenta de que es humanamente imposible aunque los envíe vacíos. Bueno, pues ese fue el promedio de tuits que lanzaron las cuentas líderes de las etiquetas #SOSCuba, #SOSMatanzas e #IntervenciónHumanitaria, lo que deja en evidencia que eran robots programados para este fin quienes construyeron una matriz de opinión que solo era un Maine en toda esta historia.

Estamos ante una nueva fase de una vieja estrategia. La contrarrevolución no dio la talla, ellos mismos lo reconocieron en un cable de la entonces SINA publicado por Wikilead. Ahora recurren a la violencia, como mismo hicieron en Venezuela y Nicaragua. Violencia incitada por quienes empujan y están a 90 millas o más, por quienes minutos antes de publicar un mensaje en sus redes alarmados por la situación en Cuba e incitando a una intervención habían posteado que estaban refrescando en la playa o tomando cervezas; esos son los que se preocupan y nos empujan a odiarnos entre nosotros, cuanta maldad.

La inseguridad y la incertidumbre que algunos sienten por estos días es solo un avance de lo que pudiera pasar si logran el estallido social y nos arrebatan la tranquilidad ciudadana. Qué quedaría para nosotros, ciudades como cualquiera de América Latina, en las que salir de casa después de las seis de la tarde significa exponerte a un balazo.

Ahora mismo no dejo de pensar en un muchacho que conocí en Alemania, la locomotora europea, exacta-mente en Dresden, antigua RDA, con un tumor cerebral y a quien, antes de la caída del Muro, el Estado le garantizaba todo y se hizo ingeniero. Luego le llegó el sálvese quien pueda que le impide adquirir con regularidad los medicamentos, y hoy el tumor ha crecido tanto que pierde capacidades motoras por día.

Esta es la triste realidad que no cuentan las vitrinas del capitalismo que quieren vendernos como bueno y moderno. A la Cuba pobre y tercer-mundista le tocaría sostener las comodidades de los que viven en las grandes ciudades norteamericanas y se miden por la cantidad de yates y restaurantes que tienen. A la Cuba nuestra no le queda otro camino que el que eligió hace 60 años y repartió lo poco y lo mucho entre todos, que es el mismo que ratificó hace apenas dos. No nos dejemos engañar, no nos dejemos desunir, que los odiadores sean otros. Nosotros, a diferencia de Hearst, pongamos, en las fotos y en la vida, la paz. A lo Lennon: Hagamos el amor y no la guerra.