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El espejo…

Hoy, cuando caminaba rumbo a mi trabajo, pude ver niños vestidos de todos los colores, rojo, con pañoleta azul y roja, amarillo, azul. Pero no me voy a referir a estas enseñanzas, ya mis colegas han escrito bastante sobre el día de hoy, que lo merece, pues un país que garantice uniforme, base material de estudio y profesores, a sus niños y jóvenes merece todas las líneas de un periódico.

Esta vez me referiré a la enseñanza superior, en el campo de las ciencias médicas. El sábado comprendí porque nuestros profesionales de la salud tienen tanta calidad humana y profesional. Ese día acompañé a mis padres a la reunión de la carrera de Estomatología donde mi hermana inició sus estudios universitarios.

Al principio me extrañó, en un lugar donde cada uno de los estudiantes es mayor de edad y por tanto responsable de sus actos, es extraño que llamen a los padres para explicarles sobre la carrera de sus hijos, la rigurosidad del plan de estudio, entre otras cuestiones. Este vínculo familia-universidad, al menos durante mis cinco años de carrera universitaria, nunca lo vi.

Además de vincular a la familia pude ver el esfuerzo que hace el país por brindar más de 6 mil horas de clases a los estudiantes durante los 5 años de carrera.

Los materiales que a pesar de tener un costo se facilitan sin cobrar, tan siquiera, el precio de producción, la bibliografía que en calidad de préstamo se entregan los estudiantes sin cobrarles nada.

El detalle que más me impactó fue saber que, en el grupo de mi hermana, estudian dos jóvenes con implante coclear, una muestra del modelo de inclusión de Cuba, el mismo que permitió que hoy yo esté sentado en una redacción de prensa.

Estos son pequeños detalles, que a veces los cubanos nos creemos merecer y por tanto no valoramos. El espejo está hecho para mirarse uno mismo, vayamos más a él, conozcamos nuestras interioridades.

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