El socialismo es sexy

Hace tres años visité el Junge Welt, periódico alemán que en la antigua RDA era el homólogo del Juventud Rebelde. Mientras conversaba de financiamiento, técnicas periodísticas y hasta de un poco de ética, vi un cuadro que conserva una plana original del octubre de 1989, artísticamente muy bien concebida, con un despliegue fotográfico impresionante. Encabeza esa portada una foto de dos jóvenes señalando el horizonte, y la traducción del titular, para sorpresa mía, era algo así como “Mirando al futuro”. Desde ese día me he preguntado: qué futuro estaban mirando aquellos muchachos, cuando, unos 15 días después de esa publicación, el Muro de Berlín se vino abajo. Lee el resto de esta entrada

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Martí sin pedestal

Dialogar con un héroe de este siglo, de los que sintetizan los valores de todo un pueblo, siempre es un privilegio. Sin embargo, la conversación se vuelve aún más interesante si se habla de un cubano sin igual, de otro héroe fuera de las dimensiones humanas, de esos hombres que nacen cada cien años, de los que llevan en sí el decoro de otros muchos. René González, vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí, habla apasionadamente de quien marcó la historia de Cuba desde las últimas décadas del siglo XIX y sigue haciéndolo a 123 años de distancia.

Acercarlo a los jóvenes, bajar al héroe del pedestal, mostrar aún más su parte humana, terrenal, de hombre común; sacarlo de los libros de textos y las vallas, hacerlo creíble para los chicos de hoy y de mañana es, según René, el principal reto de quienes defienden el legado del más universal de los cubanos.

—¿Cuán importante es remitirse a la herencia martiana en los tiempos actuales?

—Martí ha sido importante en todos los tiempos, porque su pensamiento es esencial en la resistencia de Cuba a la absorción imperialista. Fue el primero que interpretó el carácter expansionista de los Estados Unidos, luego fue vital durante la república neocolonial para sostener nuestra identidad, nos indicó el camino de la rebelión contra la dictadura. Fue la luz de la Revolución y con su guía muchos cubanos salieron a defender las conquistas por las que se había luchado.

“Hoy es doblemente importante remitirse a él, es y será la guía con la que contamos para que nuestros hijos y nietos continúen alzando las banderas de la soberanía. Para que sigamos en la misión de construir una sociedad justa para todos, para continuar por el camino del socialismo y que el comunismo siga siendo una meta, Martí tendrá que seguir formando parte de las esencias de este pueblo. Téngase en cuenta que ningún cubano ha sido socialista y comunista sin antes haber sido martiano”.

Escucha “René González habla de su héroe: José Martí” en Spreaker.

—¿Estamos los cubanos en deuda con él?

—No sé si ser tan duro con el pueblo cubano. Nosotros hemos luchado en condiciones muy desventajosas por mantener a Martí vivo en la obra que construimos, hemos saldado parte de nuestra deuda con él. Sin embargo, lógicamente, nos quedan deudas: tenemos que seguir construyendo la república con todos y para el bien de todos que soñó; estamos obligados por la historia a ser —y en eso hemos cumplido— el valladar que se interpone entre el imperialismo norteamericano y los pueblos. Eso implica un repensar de lo que estamos haciendo, una constancia y una inversión, si no podríamos dejar de serlo, y costaría muy caro. Hay que entender el rol de Cuba con el resto de la humanidad para mantener la disposición de llevar la solidaridad y ese amor martiano al resto del mundo.

“Tenemos el deber de constituirnos en ese país que soñó, colocado en el centro de la balanza que sostiene el equilibrio del mundo. Es el rol de Cuba. Mucha gente nos mira con esperanza y es nuestra la responsabilidad de sostener esa esperanza; la mejor forma de honrarlo.”

El héroe convidó a los más jóvenes a encontrar el Pepe que todos los cubanos llevamos dentro: “Mientras yo esté en esta tarea daré lo mejor de mí para que ese Martí florezca en cada uno de esos corazones”.

La Ciudad del No Parking

A Rafael no le gusta ir al Centro Histórico de la ciudad en su auto. Cuando se decide a hacerlo, por necesidad o por comodidad, tiene que dar varias vueltas para encontrar dónde estacionar el Lada que le entregaron por ser vanguardia nacional en los años ochenta. Cuenta, además, que varias veces lo han multado por parquear en sitios donde está prohibido, ya se le ha hecho un trauma el tema.

Rafael pudiera ser también Alberto, Rosa, Enrique, o cualquiera que circule en autos, ya sea estatal o particular, por el Casco Histórico de Camagüey; una ciudad donde proliferan las señales de prohibición de estacionamiento y cada vez son menos las áreas destinadas a este fin. A lo mejor los citadinos como Rafael pueden optar por hacer el recorrido a pie, pero y si es un visitante, nacional o extranjero, ¿lo entenderá? Lee el resto de esta entrada

Voté por Cuba

Mi voto y el de mi familia fue Por Cuba, la misma isla que no me dejó morir cuando estuve grave a los pocos días de nacer, por la Revolución que me ha garantizado todo cuanto he necesitado para ser igual a los demás, por Fidel, el artífice de esta obra, por Raúl, de quien recibí el abrazo más tierno de toda mi vida. Por los cubanos, esos compatriotas sin iguales que han resistido de todo en la defensa de su derecho a construir una alternativa que puede ser otra que el socialismo.

Acabo de ejercer mi derecho al voto, lo hice por quien yo entiendo que sea mejor. Aquí las elecciones son tranquilas, no hay revueltas, aunque puede haber sus planes no se lanzan porque los que estamos con la patria somos más.

Mientras en otros países esto es un negocio, yo no tengo una cédula electoral, que constituya una mercancía codiciada por sargentos políticos, no tengo pasquines que llenen las calles de mi Consejo Popular de propagandas, mis candidatos no han hecho campaña política para que yo vote por una de ellas, mucho menos tienen millones para invertirlos en anuncios televisivos, solo cuentan con la moral.

Todavía recuerdo la primera vez que ejercí mi derecho al voto, iba orgulloso, pues ya era grande, esto es lo mucho que significa saber que eres parte de un sistema electoral que está dentro de los más transparentes del mundo.

Esto pasa únicamente en Cuba, un mi país que puede no ser el más justo del mundo, pero si el menos injusto.

 

Entre los dictadores comunistas y los libertadores de Wall Street

Caricatura: Roberto Carlos Serrano Prieto

Mientras buena parte del Congreso disfrutaba el show de Donald Trump en el habitual Discurso del Estado de la Unión, ya se preparaban los programas de análisis o mejor dicho de burla que increíblemente tuvieron más niveles de audiencia que la propia intervención oficial. El de ABC fue uno de los más seguidos pues la réplica en esa cadena la hizo Stormy Daniels, actriz para adultos cuyo nombre real es Stephanie Clifford, de quien se rumora que tuvo una relación extramarital con el presidente.

En el segundo discurso de este tipo más largo de la historia, el multimillonario se mostró ultrapatriótico, repitiendo las promesas de campaña como prioridades urgentes de su gobierno, con el ya tradicional ultranacionalismo exacerbado, al punto de solicitar al congreso 1.5 billones de dólares para construir puentes, autopistas y líneas de ferrocarril hechas “con manos estadounidenses” y “con valores estadounidenses”. También pidió más fondos para las fuerzas armadas y para renovar el arsenal nuclear, es como si hubiéramos regresado a la Guerra Fría.

Respecto al ISIS y al terrorismo dijo: “seguimos teniendo todo el poder necesario para detener terroristas en cualquier lugar que los capturemos, allí donde los encontremos. Y en muchos casos para ellos, será a partir de ahora la bahía de Guantánamo”, poco le importó a Trump que esa es una porción de territorio cubano ilegalmente ocupada por Estados Unidos.

También repitió su amenaza una vez más: “pido al Congreso que adopte una legislación que garantice que la ayuda exterior sirva siempre a los intereses de América y vaya solo a los amigos de América no a los enemigos de América”. Es la contradicción, también exacerbada, entre los buenos y los malos.

No podía dejar de mencionar a Cuba y a Venezuela, y sí, lo hizo, tenía que quedar bien con sus amigos estratégicos Marco Rubio y Bob Menéndez, “Mi Gobierno también ha impuesto duras sanciones a las dictaduras comunistas y socialistas de Cuba y Venezuela”, afirmó y solicitó al Congreso de Estados Unidos mayores medidas unilaterales contra estos países latinoamericanos.

Osó Trump en llamar dictaduras a dos procesos que se le oponen, se le olvidó que él no es el presidente que la mayoría de los norteamericanos quiso, ganó gracias al endemoniado sistema electoral que rige en los Estados Unidos. Mientras que en Venezuela, por ejemplo, el propio Jimmy Carter, expresidente de la nación norteña, dijo “Tomando en cuenta las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor en el mundo”. Un proceso que ha enfrentado más de 20 elecciones en 20 años, con solo tres derrotas para los chavistas, si eso es una dictadura al parecer la mayoría de los venezolanos quieren vivirla.

Por su parte en Cuba, si tenemos una dictadura, no lo niego: es la dictadura del proletariado. Lo que no comprende Trump es la esencia de un proceso como el cubano, demasiado democrático para ser entendido por alguien que sacó 3 millones de votos menos que su contrincante y, sin embargo, hoy es presidente.

Los cubanos no tenemos una cédula electoral, que constituya una mercancía codiciada por sargentos políticos. Tampoco existen pasquines que llenen las calles de propaganda, los candidatos no han hecho campaña política para que se vote por uno de ellos y mucho menos tienen millones para invertirlos en anuncios televisivos, solo cuentan con la moral y los méritos. Las urnas son custodiadas por pioneros y apareces en el registro electoral al cumplir 16 años.

Donald Trump debía informarse de los niveles de abstencionismo que hay en su país y compararlos con los de Cuba, así podrá entender porque los cubanos nos sabemos dueños del proyecto de país que construimos. Si esto es una dictadura Mister hay millones de cubanos, masoquistas al parecer, que prefieren vivir la dictadura del proletariado antes que la libertad de Wall Street.

Un nuevo invento, otro fracaso

Otro capítulo se abre en la extensa pero para nada aburrida Saga que es el diferendo entre Estados Unidos y Cuba. Hace unos días el Departamento de Estado anunció la creación de un Task Force o Fuerza de Tarea, un grupo que tendrá la misión de examinar los retos tecnológicos y oportunidades para expandir el acceso a Internet y lograr el libre flujo de información en la isla. Rex Tillerson, Secretario de Estado, y sus compinches no podían quedarse fuera del gran negocio que es intentar subvertir el orden en Cuba.

Este grupo que tendrá su primera reunión el próximo 7 de febrero en el Edifico Harry S. Truman del Departamento de Estado, no hace más que demostrar la conexión en los intereses de la élite política norteamericana, más allá de quien esté en la Casa Blanca. Si revisamos las directivas de Obama y de Trump coinciden casualmente en el punto de que es Internet una herramienta que pudiera favorecer y promover un cambio a lo interno de la Mayor de las Antillas. Lee el resto de esta entrada

El parlamento que sueño…

Yo no tengo una cédula electoral, que constituya una mercancía codiciada por sargentos políticos. No tengo pasquines que llenen las calles de mi Consejo Popular de propagandas, mis candidatos no han hecho campaña política para que yo vote por uno de ellos y mucho menos tienen millones para invertirlos en anuncios televisivos, solo cuentan con la moral y los méritos.

Para nominar no conté con nadie, es el que yo quiero, incluso no existe ninguna norma legal que me obligue a nominar al que verdaderamente sea el mejor, sino al que creo que lo es, que pueda representar mejor mis intereses, no tiene que ser militante del Partido, puede ser católico, musulmán o ateo y cualquier vecino puede votar o no por él. Por si fuera poco mi delegada, ama de casa y vecina del barrio, llegó a ser diputada, esas son las bondades de un sistema que no es perfecto, es simplemente diferente.

Alguien me preguntó a qué parlamento yo aspiraba, aquí les dejo mi respuesta…

Yo quiero un parlamento que garantice la continuidad del socialismo, único sistema viable en la Cuba del presente y del futuro.

Yo quiero un parlamento que debata, que discuta los temas en profundidad, que tenga contradicciones, pues estas, mientras no sean antagónicas, siempre dan lugar al desarrollo.

Yo quiero ver los debates de ese, mi parlamento, en vivo por la Radio y la Televisión.

Yo quiero un parlamento de gente de pueblo, de gente sencilla, donde esté el héroe, el combatiente, el comandante del Ejército Rebelde, el internacionalista, pero también esté el hombre común, ese que anda por nuestras calles, que aunque hoy están allí con voz y voto, yo quiero que sean más. Que esté el barrendero que es héroe del trabajo, el campesino, el maquinista, el operario de la combinada millonario en arrobas de caña cortadas, el médico, el maestro,  el ingeniero, el joven, el estudiante.

Yo quiero un Parlamento donde jamás existan mercenarios, aunque puedan haber, incluso, ideas contrarias.

Yo quiero una Asamblea Nacional, no un Congreso de la República que antes prometía y nada cumplía al llegar al Capitolio.

Yo quiero una Asamblea Nacional electa por el pueblo, con la calidad del voto que merecen las primeras elecciones generales sin Fidel y en las que la Generación Histórica, aunque siga acompañándonos, decidió que era el momento de darle la tarea a otra generación, la que creció con la Revolución.

Y si algo no quiero es un Parlamento de élites políticas, de millonarios, de magnates inmobiliarios, de seres que son capaces de hacer y deshacer para mantener el asiento, de partidos políticos turnándose en el poder, eso ya lo desterramos, es pretérito y por tanto no podrá ser nunca presente ni futuro.

Ese es mi parlamento, el que votaré el próximo 11 de marzo, por Cuba, por el presente y por el futuro.